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Trauma y apego
en Valladolid

Comprender las experiencias que siguen influyendo en tu presente

Hay experiencias que dejan una huella profunda, incluso muchos años después de haber ocurrido. A veces aparecen en forma de ansiedad, dificultad para confiar, sensación de estar siempre en alerta o emociones que parecen desproporcionadas. Otras veces simplemente sientes que hay algo que sigue pesando, aunque no siempre sepas ponerle nombre.

En terapia, el objetivo no es borrar lo que has vivido, sino comprender cómo esas experiencias siguen influyendo en tu vida y ayudarte a relacionarte con ellas de una forma diferente. Cuando aquello que ocurrió deja de dirigir tus decisiones, es posible recuperar poco a poco una mayor sensación de libertad y bienestar.

Qué es el trauma psicológico

Cuando hablamos de trauma solemos pensar en acontecimientos muy graves, como un accidente, una agresión o una pérdida importante. Sin embargo, el trauma también puede surgir a partir de experiencias repetidas en las que no nos sentimos seguros, comprendidos o protegidos.

No siempre tiene que ver únicamente con lo que ocurrió, sino también con cómo lo vivimos y con los recursos que teníamos en ese momento para afrontarlo. Por eso, dos personas pueden experimentar una misma situación de formas muy diferentes.

Con el paso del tiempo, esas experiencias pueden seguir presentes de maneras que no siempre resultan evidentes. A veces aparecen en forma de ansiedad, dificultades para regular las emociones, una sensación constante de alerta, problemas en las relaciones o una autoestima muy dañada.

Comprender el origen de ese malestar suele ser el primer paso para dejar de vivir condicionado por él.

¿Cómo puede manifestarse el trauma?

Cada persona lo vive de una manera diferente, pero algunas de las dificultades que pueden estar relacionadas con experiencias traumáticas son:

  • Ansiedad o sensación constante de alerta.
  • Recuerdos que aparecen de forma inesperada o con una gran intensidad emocional.
  • Pesadillas o dificultades para descansar.
  • Evitación de determinadas personas, lugares o situaciones.
  • Reacciones emocionales que cuesta comprender o controlar.
  • Dificultad para confiar en los demás.
  • Baja autoestima o sentimientos persistentes de culpa y vergüenza.
  • Síntomas físicos sin una causa médica que los explique.
  • Sensación de estar desconectado de uno mismo o de los demás.

La presencia de alguno de estos síntomas no significa necesariamente que exista un trauma, pero sí puede ser una buena razón para consultar y comprender qué está ocurriendo.

Trauma de apego: cuando las primeras relaciones dejan huella

Las primeras relaciones que establecemos con nuestras figuras de cuidado influyen en la forma en la que aprendemos a entender el mundo, a confiar en los demás y también a relacionarnos con nosotros mismos.

Cuando durante la infancia hemos podido sentirnos seguros, escuchados y acompañados, solemos desarrollar vínculos más seguros. Sin embargo, cuando esas necesidades no pudieron ser atendidas de forma consistente, pueden aparecer dificultades que continúan presentes en la vida adulta.

Esto puede traducirse en miedo al abandono, necesidad constante de aprobación, dificultad para poner límites, relaciones muy intensas o una sensación de que siempre hay que protegerse para no volver a sufrir.

Hablar de apego no significa buscar culpables. Las familias hacen lo mejor que pueden con los recursos de los que disponen en cada momento. En terapia, el interés no está en señalar responsabilidades, sino en comprender cómo esas experiencias han podido influir en el presente y qué podemos hacer para que dejen de limitar tu vida.

Cómo se manifiesta el trauma de apego en las relaciones

Algunos patrones habituales en personas con heridas de apego no procesadas:

  • Relaciones de pareja inestables, intensas o que repiten el mismo patrón
  • Miedo al rechazo o a la cercanía
  • Dificultad para poner límites o para tolerar los del otro
  • Sensación de no encajar nunca del todo, de «no ser suficiente»
  • Reactividad emocional alta en las relaciones íntimas
  • Idealización seguida de devaluación de las personas significativas
  • Conexión emocional difícil incluso con quienes te quieren bien


Cuando se trabaja el apego en terapia, no solo se entiende: se construye también una experiencia relacional nueva dentro del propio proceso terapéutico, y eso reorganiza muchas cosas.

Terapia EMDR: cómo funciona y por qué se considera tan eficaz

EMDR significa «Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares». Es una de las técnicas terapéuticas con más evidencia científica para el tratamiento del trauma, recomendada por la Organización Mundial de la Salud y por las principales guías clínicas internacionales para el trastorno por estrés postraumático y para experiencias traumáticas en general.

La terapia EMDR parte de una idea sencilla: ciertos recuerdos no se han procesado bien cuando ocurrieron, y por eso siguen activos. El trabajo consiste en reprocesar esos recuerdos traumáticos siguiendo un modelo adaptativo del procesamiento de la información: ayudamos al cerebro a procesar recuerdos pendientes de manera adaptativa, utilizando estimulación bilateral —habitualmente movimientos oculares, aunque también puede ser auditiva o táctil— mientras se accede al material que está pendiente de elaborar. No es magia ni hipnosis: es un protocolo estructurado, con base neurobiológica, que ha demostrado funcionar. Cada herida emocional tiene su propio ritmo de elaboración, y cada reacción emocional que aparece en el proceso es información útil para el trabajo.

Qué ocurre en una sesión de EMDR

Una sesión de EMDR no es solo «mover los ojos». Antes de empezar a procesar nada, dedicamos tiempo a establecer un buen vínculo terapéutico, a evaluar tu historia y a darte recursos para regularte. Solo cuando estás preparada o preparado, comenzamos las fases de desensibilización y reprocesamiento del material traumático.

Durante esas fases, mientras accedes al recuerdo a trabajar, hacemos series cortas de movimientos oculares (u otra forma de estimulación bilateral). Lo que sucede después es que el recuerdo va perdiendo carga emocional, deja de ser un disparador y se integra de otra manera. No es que olvides lo que pasó: es que pasa a ocupar el lugar que le corresponde, no el centro de tu vida.

Cómo trabajo el trauma y el apego

Cada persona tiene una historia diferente. Por eso, no existe una única forma de trabajar el trauma.

Mi punto de partida es comprender qué ha ocurrido, cómo ha influido en tu forma de relacionarte contigo mismo y con los demás y qué función pueden estar cumpliendo hoy las dificultades que experimentas. A partir de ahí, adaptamos el proceso terapéutico a tus necesidades, respetando siempre tu ritmo.

Trabajo principalmente desde las Terapias Contextuales, integrando diferentes enfoques cuando pueden aportar valor al proceso. Además de mi formación en un Máster en Terapias Contextuales y de Tercera Generación, cuento con formación específica en EMDR, una herramienta especialmente útil para el trabajo con experiencias traumáticas cuando está indicada.

No todas las personas necesitan el mismo camino ni todas comienzan trabajando directamente sobre las experiencias más difíciles. Antes de abordar cualquier recuerdo doloroso, es importante construir un espacio seguro y disponer de recursos que permitan afrontar el proceso con tranquilidad.

EMDR como parte del proceso terapéutico

EMDR es una de las herramientas que utilizo con frecuencia en el trabajo con trauma cuando considero que puede resultar útil. Su objetivo es facilitar que determinadas experiencias puedan procesarse de una forma diferente, de manera que dejen de generar el mismo impacto emocional en el presente.

Sin embargo, EMDR es solo una parte del proceso. No todas las personas necesitan trabajar con esta herramienta, ni todos los procesos comienzan por ahí.

Mi forma de trabajar parte siempre de comprender tu historia, el contexto en el que has vivido y la función que pueden estar cumpliendo las dificultades que experimentas hoy. A partir de ahí, adaptamos el proceso terapéutico a tus necesidades, integrando diferentes herramientas cuando pueden aportar valor.

Antes de abordar cualquier experiencia especialmente dolorosa, considero fundamental crear un espacio donde puedas sentirte seguro, comprender lo que te ocurre y contar con los recursos necesarios para afrontar el proceso. La relación terapéutica, el respeto por tu ritmo y la sensación de seguridad son tan importantes como cualquier herramienta que podamos utilizar durante las sesiones.

No creo que exista una técnica válida para todo el mundo. Cada persona tiene una historia diferente y necesita un acompañamiento adaptado a su momento vital.

Las herramientas están al servicio de la persona, y no al revés.

La terapia como un espacio seguro

Trabajar el trauma requiere hacerlo en un entorno donde puedas sentirte seguro y respetado.

Mi consulta está ubicada en C/ Gabilondo 17, Valladolid, en un espacio tranquilo y cuidado, pensado para favorecer la calma y la privacidad. La sensación de seguridad también forma parte del proceso terapéutico y contribuye a que puedas abordar aquello que necesitas sin sentirte presionado.

La atención se realiza tanto de forma presencial como online, adaptándonos a lo que resulte más adecuado para cada situación.

Qué puede aportar un proceso terapéutico

Cada proceso es único y cada persona avanza a su propio ritmo. No se trata de olvidar lo que has vivido, sino de conseguir que esas experiencias dejen de condicionar tu presente.

Con el tiempo, muchas personas experimentan cambios como:

  • Comprender mejor el origen de lo que les ocurre.
  • Sentir que determinados recuerdos pierden intensidad emocional.
  • Relacionarse con los demás desde una mayor seguridad.
  • Reducir la sensación constante de alerta.
  • Aprender a regular las emociones con mayor tranquilidad.
  • Recuperar la confianza en uno mismo.
  • Sentir que el pasado deja de ocupar el centro de la propia vida.

 

El objetivo no es dejar de sentir, sino que aquello que has vivido deje de decidir por ti

Empezar un proceso de terapia

Dar el paso de acudir a terapia cuando has vivido experiencias difíciles no siempre es sencillo. No hace falta tener todo claro antes de pedir ayuda. Si sientes que hay algo que sigue influyendo en tu bienestar, podemos dedicar un primer espacio a comprender qué está ocurriendo.

La primera sesión será un momento para conocernos, hablar sobre tu historia, resolver las dudas que tengas y valorar juntos cuál puede ser la mejor forma de acompañarte.

Si buscas una psicóloga especializada en trauma y apego en Valladolid, puedes ponerte en contacto conmigo a través del formulario de la web, por teléfono o mediante Doctoralia. Estaré encantada de escucharte y de acompañarte en este proceso.

Preguntas frecuentes sobre trauma y apego

¿Cuántas sesiones de EMDR necesito para superar un trauma?

Depende mucho del caso. Un trauma único reciente puede resolverse en pocas sesiones; un trauma complejo, con múltiples experiencias o con heridas de apego instaladas desde la infancia, requiere un proceso más prolongado. Antes de empezar a procesar nada, hay una fase de preparación que también lleva su tiempo. Tras las primeras citas puedo darte una estimación realista.

No. EMDR puede trabajar con recuerdos parciales, con sensaciones corporales o con emociones difíciles que aparecen sin imagen clara asociada. No hace falta «reconstruir» nada artificialmente: trabajamos con lo que está accesible.

Eso lo escucho mucho. Una de las herencias del trauma es minimizar lo que se vivió. La regla práctica es sencilla: si una experiencia sigue afectándote hoy —en cómo te sientes, en cómo te relacionas, en cómo funcionas— ya es razón suficiente para trabajarla. No hay un baremo objetivo de gravedad.

Cuando se hace mal, sí. Por eso EMDR tiene un protocolo estricto que incluye una fase de preparación y de regulación previa al procesamiento. Hacerlo con un profesional especializado en trauma es fundamental: no es una técnica para improvisar.

Sí, con limitaciones. Existen herramientas que permiten hacer la estimulación bilateral por pantalla, y la evidencia es favorable para muchos casos. En traumas complejos o con desregulación importante, conviene empezar presencial.

Sí. De hecho, un enfoque integrador es muchas veces lo más eficaz. EMDR encaja bien con TCC, terapia de aceptación y compromiso, mindfulness y trabajo de apego. La combinación depende de lo que cada caso necesite.

La psicoterapia y el tratamiento farmacológico son compatibles y muchas veces se complementan. Si tomas medicación pautada por psiquiatría, podemos coordinar para que el trabajo psicológico vaya en línea con el resto del tratamiento.

 Lo valoramos juntos en la primera sesión. La distinción importa menos de lo que parece: lo que importa es trabajar lo que te está pasando hoy, venga de donde venga. El proceso de sanación se va perfilando sobre la marcha.

A través del formulario de la web, por teléfono o en Doctoralia. La primera consulta es gratuita.